Ariosa: “Mentiría si dijera que no pensé en la muerte”

El defensa, que volvió a entrenar con Defensor, cuenta su batalla para vencer el cáncer en un mano a mano sensible y humano con El Observador

Sebastián corrió por una pelota y sintió un ahogo. La primera vez lo tomó como algo habitual. La segunda le llamó la atención. La tercera se preocupó. No era para menos, se le hinchó la cara y se puso colorado. Fue cuando en un entrenamiento decidió dejar de jugar para someterse a exámenes. El resultado fue un golpe al alma: tenía un linfoma en el mediastino. ¿De qué se trata? El mediastino es una cavidad del tórax, que se ubica entre el esternón y la columna vertebral, que contiene la tráquea, el esófago y el corazón. Allí se encontraba el cáncer. Luego de llorar en la soledad de la noche, de pensar en la muerte, de días donde no tenía fuerza para subir una escalera, de engordar y de ser aislado, volvió a la vida. Sebastián Ariosa en un mano a mano sensible y humano con El Observador, cuenta lo que significó ganar la batalla.

¿Cómo tomó la noticia del cáncer? Porque cuando uno recibe una noticia de esas se le viene el mundo abajo.
Sin dudas que al principio no lo podía creer porque uno asocia al deporte con una persona muy sana y que me tocara vivir algo así fue duro. La primera pregunta es porqué a mí, pero luego de unas semanas de sentirme mal, de estar triste, entendí que dependía mucho de mi la recuperación.

¿Pensó en lo peor?
Y se llega a pensar, uno escucha muchos casos de gente que muere por esta enfermedad. Mentiría si te dijera que no pensé en la muerte, pero ese lapso fue muy corto.

¿Lloró mucho?
Sí, soy una persona muy reservada pero esto golpea duro. Estuve triste las primeras semanas, lloré lo que tenía que llorar, me lamenté lo que me tenía que lamentar y de ahí en más fue mirar adelante.

¿Le pasó de llorar solo y en la oscuridad de la noche?
Sí, obviamente que muchas veces uno se guarda cosas para no preocupar, para que la familia no sufra tanto como lo sufrí yo. Lloré solo, a oscuras. Noches donde se me pasaban muchas cosas por la cabeza hubo montones. Pero me dejó muchas enseñanzas esto.

¿Luego que le dieron la noticia qué pasos dio?
A los tres o cuatro días se me hizo una biopsia, luego se me puso un sistema que se llama Port-a-Cath que es para no estar pinchando reiteradamente las venas y es por donde se pasa la medicación y de ahí en más fueron siete u ocho meses intensos de quimioterapia, que fueron los meses más duros del tratamiento.

Para el que lo desconoce, ¿es duro el tratamiento?
Te deteriora en lo físico… (hace una pausa). Yo pasé por etapas en las cuales estuve con mucha anemia, no tenía fuerza para subir una escalera o para caminar media cuadra. Pasé mucho tiempo aislado.

¿Por su decisión; para que no lo vieran mal?
No, no, porque lo requiere el tratamiento porque la medicación que te ponen no se fija cual es la célula mala o la buena, es muy fuerte y las defensas bajan. Yo no me podía ni engripar, no podía agarrar ningún virus. La gente muchas veces no termina falleciendo por la enfermedad sino de las complicaciones que le trae la quimio.

¿Ese proceso le produjo muchos bajones?
Tuve altibajos, porque fueron dos años de tratamiento.

Es traumático…
Se pasa por muchas cosas, la cabeza trabaja muchísimo, pero tuve mucha gente que me ayudó para pasar esos momentos duros.

¿Cómo se manejó en los períodos de aislamiento?
Mi señora, en estos dos años en los cuales no podía estar rodeado de gente que se engripara ni nada por estilo, estuvo siempre al firme y jamás se engripó. Pasaba semanas internado y ella no se movía de mi lado. Una fiera que la luchó conmigo.

¿Las aplicaciones, con qué frecuencia se daban?
Dependía del momento. A veces tenía cuatro o cinco por semana. Depende de la medicación, demorabas todo el día o una hora, pero bueno casi siempre la medicación repercutía en el físico, me sentía muy cansado, sin ganas de hacer nada, pero la cabeza estuvo fuerte y con ganas de ganar cada batalla cuando me ponían la medicación.

¿Requirió ayuda psicológica?
Sí, uno la puede pedir. En La Española la tuve, conversé un par de veces y también la podés buscar por fuera, pero personalmente no la busqué. Es que cuando no me podía visitar la gente hablaba por teléfono y los sentía al lado.

¿Sintió que Olimpia lo dejó tirado?
Sí, sin dudas que sí, en el momento en el cual necesitaba que estuvieran a mi lado y pelear hombro con hombro como lo hice yo cuando dejé todo por el club, en ese momento me merecía lo mismo.  Me hicieron vivir un mal momento, recurriendo a FIFA y de abogado en abogado.

¿Cómo fue su situación económica en ese momento?
No sé si hice una diferencia o no pero ahorramos bastante con mi señora y fuimos prolijos y en ese aspecto no tuvimos carencias, me permitió afrontar estos dos años. Pero no pienso en lo económico sino en la felicidad.

Los ahorros se le deben haber esfumado.
Sin dudas, ahora es como volver a arrancar, pero esos son los problemas que, después de haber vivido lo que viví, no me pueden tomar ni un minuto para pensar.

¿Lo que vivió le dio otra visión de la vida?
Sí, hoy las pequeñas cosas de la vida las disfruto el doble.

¿Cuándo sintió que empezaba a ganar la batalla?
En la primera tomografía que me hicieron a los cuatro o cinco meses de haber arrancado el tratamiento, porque vimos que la medicación respondía.

¿Cómo fue el paso a paso para volver a la actividad?
Me supervisó el profesor Javier Carballo. Arranqué caminando, bicicleta. Al principio fue duro porque la quimioterapia me provocó exceso de peso, llegué a pesar 90 kilos.

¿Hoy siente que volvió a vivir?
Todos los días me levantaba soñando con este momento. Cuando entré a la cancha sentí como que volvía a vivir. En todo este tiempo me faltaba algo y era esto.


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