Argentina es anárquica y Colombia no concreta

Un análisis a fondo de los dos rivales contra los que Uruguay cerrará el hexagonal final del torneo

Argentina, dirigida por Humberto Grondona, será el rival de Uruguay en la última fecha del hexagonal final donde pueden estar en juego puntos fundamentales para clasificar al Mundial o a los Juegos Olímpicos.

Hace dos años, muchos de los jugadores que disputan este torneo fueron campeones en el sub 17 disputado en Mendoza.

¿A qué juega este equipo? Difícil de descifrar por lo mostrado el jueves ante Colombia.

Los albicelestes presentaron un ambicioso esquema ofensivo (3-4-3) sin un orden conceptual que le permitiera transformar esos números en un temible caudal atacante.

Argentina pretendió implementar una presión alta que, es cierto, puso en jaque a Colombia en los primeros minutos de juego.

Su trío atacante es como para extremar cuidados. Pero más por su capacidad individual que por la asociación de sus ideas.

Tomás Martínez, el puntero derecho de River Plate, arrancó bien pero se fue diluyendo y terminó protestándole al árbitro incidencias inobjetables. Bien pudo ser expulsado.

Ángel Correa, puntero izquierdo ex San Lorenzo que ahora pertenece a Atlético de Madrid donde aún no jugó, fue clave en el triunfo ante Perú en el arranque del hexagonal final. Pero ayer brilló por su ausencia. De todos modos es un jugador potente, encarador y de muy buena pegada.

El 9 es Giovanni Simeone, hijo de Diego Simeone, DT de Atlético de Madrid. También juega en River y es el máximo anotador del Sudamericano con siete goles.

El problema del equipo es que no tiene patrón de juego definido.

El jueves contra Colombia, la intención fue salir a arrollar al rival, pero una vez que los cafeteros se reposicionaron en el campo –tras el asedio albiceleste inicial– y comenzaron a manejar la pelota con su habitual fluidez, no hubo contención en el medio para cortar los circuitos, solidez defensiva para contrarrestar los ataques ni ideas claras para disputar la tenencia y explotar a sus buenos delanteros.

Ojo. Tienen corazón. Vibran. Y con agallas, arrinconaron a un rival superior y le robaron un empate. Esa gran virtud se suma a su poderío ofensivo donde suman 17 goles en seis partidos. Pero ahora deberán afrontar la parte más dura del fixture: Brasil, Paraguay (que ya les ganó 1-0 en la serie) y Uruguay.

Colombia, insinúa, pero...
Colombia será el miércoles el rival de Uruguay en la penúltima fecha del hexagonal final del Sudamericano sub 20.

Su estilo de juego responde a lo que marca la tradición del fútbol cafetero: culto a la tenencia de la pelota y buena técnica de mitad de cancha en adelante.

Es dentro de esos parámetros el equipo que mejor juego ofrece a los ojos del espectador. Pero la falta de solidez y de determinación para cerrar los partidos o para imponer su juego por encima de la camiseta del rival hacen a este equipo que juega bien un equipo que juega lindo.

¿Cuál es la diferencia? Que ataca mejor de lo que defiende y que sobrevalora su propuesta por encima del resultado.

Lo que le pasó el jueves ante Argentina –rival al que superó ampliamente en concepto, orden, posesión de pelota y situaciones de gol– ya le había pasado, con menores matices, ante Uruguay en el arranque del Grupo B.

Además, ante Brasil jugó un partido de igual a igual pero terminó perdiendo 2-1 cuando el empate le servía para mantener el segundo puesto de la llave.

En el arranque del hexagonal final, el estilo aguerrido de Paraguay redujo considerablemente su capacidad creativa y el partido terminó en blanco.

Y el jueves el equipo de Carlos Restrepo volvió a quedar en el debe. No por la estética ni las formas, sino estrictamente por el resultado: se le escaparon dos puntos que tenían asegurados y se mostraron muy vulnerables en la defensa de pelotas quietas, recurso desesperado al que apelaron los argentinos para forzar el empate. Por la misma vía, Uruguay le ganó en la serie con otro gol agónico.

Álvaro Montero, golero que defiende a São Caetano, fue buena figura sobre el furioso cierre de partido de Argentina. Pero no pudo evitar el gol de Compagnucci.

Colombia juega 4-4-2 con un volante central (Andrés Tello) que tiende a meterse entre los zagueros (Juan Quintero y Davinson Sánchez) para que se suelten los laterales en ofensiva.

Del medio de la cancha en adelante: lo mejor. El volante por izquierda Jeison Lucumí (América de Cali) fue imparable por momentos lanzado en potencia. El problema estuvo en saber defender todas esas virtudes.


Fuente: El Observador

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