Ardaiz, otro salteño camino a la gloria

Tras los pasos de Suárez y Cavani, y a fuerza de goles surge otro artillero, como presentación fue campeón de América sub 20
Joaquín Ardaiz se metía puertas para dentro del Complejo de la selección uruguaya. El pelo revuelto. Los zapatos en la mano. Cuando de pronto miró para el costado y sus ojos no daban crédito. Ahí estaba su ídolo: Edinson Cavani. El delantero de París Saint Germain estiraba con el profesor de la selección. Lo pensó. Debe haber dicho, ¿ahora o nunca? Y con ese desparpajo propio de los jóvenes de 18 años se arrimó. No aguantó y se tiró sin miramientos. "Ahí le dije: 'Bo, Edi, ¿te puedo robar dos minutos para tomar una foto?'". Cavani levantó la mirada sorprendido, y con esa bondad que lo caracteriza aceptó gustoso el pedido del botija. "Dale, no pasa nada, me dijo el Edi y nos sacamos una foto juntos", contó el protagonista de la historia.

Jamás imaginó lo que tendría reservado el destino. Es increíble pero meses después, con dos goles en la final del Sudamericano Sub 20, Joaquín Ardaiz le decía al mundo que en Salto la tierra está bendita. Parece mentira pero es real: Luis Suárez, Edinson Cavani y ahora esta nueva promesa son productos genuinos de la tierra de los naranjos.

La carrera de este chico que en enero cumplió 18 años es sencillamente increíble. Pasó de llamar a su padre para que le sacara pasajes de regreso a Salto porque no aguantaba más en la capital, a explotar y ponerse en la mira de varios de los principales equipos del mercado europeo, algunos de los cuales lo siguen desde hace un buen tiempo.

En un mano a mano con Referí, el nuevo salteño de moda narró su historia, plagada de sacrificio como la de la mayor parte de los muchachos que vienen del interior. El desarraigo es duro de sobrellevar. Se extraña, no se adaptan a la locura de la capital, tienen que cocinar y arreglarse solos. Una especie de supervivencia a la que son sometidos a temprana edad.

"En Salto, soy de Saladero. Mi viejo es un laburante del frigorífico y mi madre trabaja en una casa de familia. Siempre peleando el peso, con sacrificio", comenzó diciendo el 9 que deslumbró a América con sus dos goles en el Sudamericano que le dieron a Uruguay el título de campeón Sub 20 luego de 36 años lejos de la gloria.

Cuenta la historia que siendo un niño Joaquín Ardaiz fue visto en un Mundialito Danone y no lo dudaron. El poder de su juego fue seductor para que Danubio, cuando cumplió los 13 años, lo trajo a la capital.
"Me costó, me costó... Me vine solo y me alojaron en las casitas de la sede. Allí estábamos todos los del interior, éramos como 18 o 20 metidos ahí adentro. Estaba feo pero me fui acostumbrando. Extrañaba como loco. No tenía a mi gente, los amigos, el barrio, dejé muchas cosas de lado para venir", expresó Ardaiz a Referí.

Cierta vez, en la oscuridad de la noche, explotó. Tomó el teléfono. "¡Me voy!", pensó sin dudar. Llamó a su padre. "Viejo, sacame el pasaje que me quiero ir a Salto, no aguanto más acá. Mañana mismo me vuelvo".

Pero las palabras de su padre y posteriormente de su madre, lo hicieron recapacitar. Enseguida le llegó la citación a la selección sub 15 y aquella loca idea de abandonar todo dio paso a una ilusión. Ahora cambiaba el panorama.

"Fue un quiebre. Cuando llegué a la selección juvenil me cayó la ficha de que podía y cambió todo", rememoró.

Por ese entonces se produjo otro hecho que modificó su vida y su carrera deportiva. Su hermano Matías De los Santos pasó de River Plate a Danubio. A partir de allí, Joaquín fue otro. El hermano mayor significó un respaldo que no tenía. Las charlas de sobremesa eran otra cosa.

"A partir de los 16 años fue que comencé a irme a la casa de mi hermano. Entonces me quedaba dos noches en la casita de Danubio y tres en la de mi hermano. Alternaba y eso lo hizo todo más sencillo, más llevadero. Un año después me fui a vivir con mi hermano. Después que lo trajeron a Danubio modificó todo porque arrancamos a vivir de otra manera. Me empezó a plantear el hecho de vivir solo, de hacerse las cosas solo, y ahí arrancó otra vida", expresó el goleador.

Ardaiz reveló que, como no cocina, repartieron las tareas con su hermano en un pacto no escrito de convivencia.

"Nos ayudábamos entre los dos, el que cocinaba era él y a mí me tocaba limpiar y ordenar luego de comer. Como se dice, el que hace la comida no lava y así nos fuimos acomodando. Yo no estaba acostumbrado, en casa no hacía nada. Llegaba y estaba todo pronto. Como quien dice era un mal enseñado", contó entre risas.

Mañana vas al Primero


Corrían los primeros días del año 2016 cuando Joaquín, que jugaba la final de un campeonato de juveniles contra Liverpool, fue informado de que Luis González lo había pedido para el primer equipo.
"Terminó el partido y me dijeron que al día siguiente tenía que presentarme a entrenar con la Primera. Se jugaba la Copa Suat y no me citaron, pero a los pocos días el cuadro viajó a Brasil y me llevaron. No lo podía creer, jugamos contra Gremio, Inter y Cruzeiro", contó el delantero.

Ardaiz debutó en el primer equipo el 23 de enero en la inmensidad del estadio Arena do Grêmio de Porto Alegre ante cerca de 15 mil personas y contra el local. Ingresó a los 60 minutos por Juan Manuel Olivera. Luego lo pusieron en el partido ante Cruzeiro, y el 27 de enero firmó su primer gol ante Inter.

Febrero amaneció con la noticia de que Liverpool, Barcelona y Manchester City, estaban interesados por la ficha del niño estrella de la franja.

De ahí a la selección sub 20 fue apenas un salto. Allí tomó contacto con el técnico de la selección mayor con quien mantuvo alguna charla. "Hablé con Tabárez y me dijo que tengo muchas cosas buenas y otras para mejorar, y tomé muy bien lo que me dijo para aprender. En la selección estoy aprendido muchas cosas, estoy agarrando el hecho de jugar más con la pelota, tener más movimiento", reconoció.

A pesar de dar ventaja con la edad, Joaquín terminó deslumbrando. Silenció el estadio Atahualpa de Quito con sus dos goles en la final y terminó dado la vuelta olímpica con la sub 20.

"Sí, me cambió un poco la vida el Sudamericano. El teléfono suena más de lo normal. Todavía estoy en la burbuja. No entendía mucho cuando llegué a Uruguay. Miraba a la gente y no entendía tanta locura, pero ya va a caer la ficha".

Pese a estar metido en la burbuja, la urgencia de su equipo, Danubio, por ganar su primer partido en el torneo local, lo mandó a la cancha de Rampla el pasado fin de semana.

"Fue raro sí. Pero a mi me da lo mismo jugar en un estadio bueno que hacerlo en un estadio más humilde. Lo veo igual, me motivo igual con la gente del club (Danubio). Quería llegar para representar al club, después lo otro no me importa, me da lo mismo, es obvio que cambia jugar en una cancha buena y en otra de mal piso pero yo soy feliz jugando en cualquier cancha".

Para Ardaiz no fue sorpresa porque, según reveló, toda la vida lo hicieron competir contra gente grande en su pueblo natal. Ahí, entre patadas y revolcones, fue moldeando su personalidad.

"¿Qué hay en Salto? Buenos jugadores. Hay muchos equipos, como acá en Montevideo, y hay muchos jugadores de baby fútbol que desde chico, con 13 años, los meten a jugar en Primera. De niño te van metiendo en Primera, y ahí van al roce, te pegan muchas patadas, y te vas haciendo en esas canchas", admitió el nuevo salteño de oro que reveló ser admirador de Edinson Cavani.

"A Edi siempre lo miro y veo las cosas que tiene. Cuando juega en el París Saint Germain miro los partidos para ver sus movimientos. Me siento identificado y lo sigo para ver como se mete atrás de los zagueros, como le pega a la pelota. Por eso cuando se me dio la oportunidad y lo vi no dudé en pedirle una foto".

En Uruguay solamente juego en Danubio


Joaquín Ardaiz dijo que se sorprendió cuando se enteró de la noticia de que su ficha había sido comprada por El Tanque Sisley. Por curioso que resulte, el pase de la nueva joya del fútbol uruguayo pertenece a los fusionados. ¿Motivos? El jugador fue comprado por un grupo inversor inglés a Danubio. Como el referido grupo gerencia El Tanque, lo hicieron pedir pase continuar en el club. "Lo primero que pregunté fue si eso que salió se trataba de un tema de un pase puente, porque me llamó la atención. Era todo raro eso. La verdad es que no entendía nada por qué me había comprado El Tanque Sisley, pero después me explicaron", contó Ardaiz a Referí.

Sobre la posibilidad de jugar en un grande en el torneo local, expresó que en Uruguay no le interesa jugar en Nacional ni Peñarol. "Mi cuadro es Danubio, donde arranqué y si me tengo que ir para afuera me voy a ir, pero acá en Uruguay no juego en otro cuadro que no sea en Danubio. Me han dicho de Peñarol y Nacional, pero no. No me seduce".

El goleador salteño agregó sobre su futuro. "Si me tengo que ir me voy afuera, a algún equipo del exterior, y el día que tenga que volver va a ser al cuadro que me dio todo que fue Danubio", subrayó. Consultado sobre si no teme quedar prisionero de sus palabras al afirmar tan tajantemente que sólo juega con la franja, dijo: "No tengo miedo de quedar preso de mis palabras lo que digo lo digo sinceramente y es así".

Las frases


Con Suárez nunca me crucé, con Cavani estuve hablando. Me explicó lo que era jugar un Sudamericano y la tranquilidad que debía tener".
Tomé muy bien las cosas que me dijo Tabárez. Estoy aprendiendo mucho en la selección"
Joaquín Ardaiz, delantero de Danubio

Sus tatuajes


Familiares
"Mi primer tatuaje me lo hice a los 14 años y me puse el nombre de mis viejos. Me empezaron a gustar y no paré. Tengo frases y el nombre de mi abuela".
Creyente
"En el brazo tengo al padre Pío que es un santo de Salto. Soy creyente, es un tema que viene desde mi familia", reveló Ardaiz a Referí.
Gustos
"En la pierna el número con el que jugaba en las juveniles, el 9 con una espada de la suerte, y una pelota de adorno. En el cuello tengo un águila".
Se viene la Copa
"En la espalda tengo un lobizón dibujado con una luna y ahora me voy a hacer la copa del Sudamericano en la espalda. Me queda toda la espalda libre, y voy a poner la Copa con la fecha del partido final".

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