Altura, racismo y protestas

Fue uno de los emblemas de la era que marcó Alberto Carranza en la natación uruguaya y en México vivió una experiencia única con 15 años

Lylián Castillo tiene 62 años y entrena tres veces por semana en el Club Banco República donde se jubiló en 2013 tras ser entrenadora de natación durante 38 años.

En México 1968 disputó los Juegos Olímpicos de México cuando tenía apenas 15 años.

"Cuando sos tan joven no te das cuenta; las cosas salen solas. Me resultó muy fácil clasificarme porque antes no se ponían tiempos: iban los mejores del país", recordó a Referí.

Castillo era la mejor nadadora del estilo libre en la época dorada de la natación uruguaya, que creció con la llegada al país del entrenador argentino Alberto Carranza, que fue contratado por Neptuno en 1964.

"Empecé a los 11 años en Olimpia hasta que me vio Carranza y me llevó a Neptuno en 1966. A los 13 fui a los Juegos Panamericanos de Winnipeg y a los 15 a los Juegos Olímpicos. En el momento no procesás las cosas; te vas dando cuenta cuando la gente te dice 'fuiste olímpica'", dice.

"Carranza cambió la metodología del entrenamiento. Estuvo ocho años en Uruguay. Hacía 10 series de 100 metros, 20 de 50 m, piques. En cada entrenamiento pasamos a hacer 3.000, 4.000 metros cuando yo hacía solo 1.000 m y las demás a lo sumo 1.500 m. Era diferente", recuerda.

"Además, era carismático, todo un personaje. Fuera donde fuera lo reconocían. Hasta nos llevó a la casa de Cantinflas en México".

Carranza había formado a su compatriota Luis Alberto Nicolao, recordista mundial en 1962 en 100 m mariposa. También había trabajado en Brasil y Perú antes de desembarcar en Uruguay.

"En México no pudo correr la semifinal porque lo agarró un embotellamiento y no llegó. Increíble. Era una época complicada, había muchas protestas estudiantiles y a nosotras nos cuidaban mucho cuando salíamos de la Villa Olímpica", recuerda.

En 1968, Uruguay presentó a la delegación femenina más grande de su historia con seis exponentes. Cinco eran nadadoras (Ana María Norbis, Ruth Apt, Mónica Figueroa y Felicia Ospitalechte) la otra era la atleta Josefa Vincent.

"Cuando fuimos a verla a la pista ocurrió el famoso incidente del racismo. Yo estuve ahí", dice.

Se refiere a la carrera de los 200 m en la que los estadounidenses Tommie Smith y John Carlos fueron oro y bronce y se subieron al podio con un guante negro representando el black power y en protesta por la situación racial que vivían los afrodescendientes en Estados Unidos.

"En las competencias en México, a la mayoría no nos fue bien, porque nos afectó la altura, salvo a Ana (Norbis). En los 400 m que era mi prueba me fue mal, salí como 20ª y me fui lloriqueando al vestuario. Me acuerdo ahora y me emociono, porque se me acercó la estadounidense Claudia Kolb y me dijo: 'No pasa nada, el cometido ya está, viniste a los Juegos Olímpicos, eso ya es un triunfo'. Ella era una estrella. Entonces fue a su bolso, sacó una de sus mallas y me la regaló. '¿Es para mí?', le dije. 'Sí, para que la conserves', me respondió. Hablaba bastante español. Son trofeos inolvidables".

Kolb ganó las medallas de oro en los 200 m y 400 m combinados en los Juegos de México.

Al poco tiempo, y a través de gestiones realizadas por Carranza, Kolb y el equipo de Estados Unidos visitaron Uruguay para competir en Neptuno. Entre las estrellas presentes estuvo hasta Mark Spitz, ganador de siete medallas de oro en Múnich 1972, récord superado por Michael Phelps en Beijing 2008.

"La altura me afectó en México. Corrí los 100, 200, 400 y 800 m libre y no me fue bien en ninguna prueba".

En el Sudamericano de Río de Janeiro, ese mismo año, Castillo fue plata en 800 m y bronce en 200m y 400 m.

"La única que no sintió la altura fue Ana Norbis. Era una nadadora espectacular y eso que no le gustaba entrenar: ella era de Paysandú, se quedaba en casa y a veces se escapaba al cine con mi hermana. Pero tenía un talento descomunal", afirma. Norbis fue finalista en 100 y 200 m pecho y consiguió dos récords olímpicos.

"El problema fue que la sacaron del grupo para cuidarla para la final y la llenaron de presión", recuerda. Esa generación de nadadoras marcó la mejor historia uruguaya de la natación. Y Castillo fue una actriz protagónica en ese proceso.

El anecdotario

Los consejos de su padre
En los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1967, Castillo integró la posta 4x100 m combinado que ganó una histórica medalla de bronce junto a Ana María Norbis, Themis Trama y Ruth Apt. Entre la clasificación y la final se lo pasó jugando al fútbol con una pelota que se había comprado. Remató la posta (en estilo libre) en 1'04'' cuando su mejor tiempo era 1'08''. "En México estaba un poco más madura porque mi padre me repetía: 'Lyliansita: trabajo, seriedad, responsabilidad y respeto'. Entonces estaba un poco más tranquila", dice.

En la casa de Cantinflas
La presencia del entrenador argentino Alberto Carranza le permitió a las uruguayas conocer a varias celebridades. En México visitaron la casa del actor Mario Moreno, Cantinflas.

Entrenadora en 1984
Castillo volvió a ser olímpica en Los Ángeles 1984, pero como entrenadora de Rosa María Silva. "La experiencia fue distinta por la responsabilidad que implicaba ser la entrenadora. Además, la convivencia fue diferente porque nos alojaron en diferentes universidades por deportes. Nosotros fuimos a UCLA".


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