Al Virrey se le terminó la magia

Fue el entrenador más ganador de la historia de Boca, pero su tercera etapa en el club ha sido desastrosa: Carlos Bianchi llegó como un salvador en 2013 y ahora muchos piensan que su final puede estar cerca

Carlos Bianchi es un hombre soberbio. Y eso no es malo: hay determinadas figuras en la historia deportiva que se han ganado el derecho a serlo. Quizás en su soberbia, en su absoluta convicción de que está en lo cierto, es que se basen los triunfos que le permitieron ser el entrenador más ganador en la historia de Boca Juniors.

Pero este Bianchi 2014 ya no es aquel de los inicios de los 2000. Y entonces, sin títulos, su soberbia queda desnuda, hueca de contenido y como un mal chiste ante la sucesión de malos resultados. Su derrota el domingo ante Atlético Rafaela por 3-0 en La Bombonera prendió todas las alarmas: el equipo se encamina a quedar fuera de carrera cuando van apenas tres fechas, como le ha pasado en la mayoría de los torneos desde que el Virrey volvió a ponerse el buzo de DT hace 20 meses.

El contraste impacta si se lo compara con el aura cuasi divina que tenía antes de 2013. Desde que se fue por decisión propia en 2004, siendo campeón de América y vicecampeón del mundo, quedó en un pedestal que ningún otro entrenador de Boca consiguió. Claro, lo respaldaban sus cuatro títulos locales, tres Copa Libertadores y dos Intercontinentales, un palmarés casi imposible de repetir.

Pero desde entonces, Bianchi cayó en el fango. No pudo solucionar la tremenda interna del club, que incluyó una renuncia de Juan Román Riquelme tras perder la Copa Libertadores 2012, una novela por la renovación y su reciente partida, acompañada de una dolorosa frase para el DT: “De Bianchi no voy a hablar. A partir de hoy el mejor entrenador del mundo lo tengo al lado mío”.  Fue solo un ejemplo de cómo su nueva etapa pasó a estar mucho más rodeada de internas de vestuario que de fútbol.

Las victorias le habrían permitido solucionar cualquier crisis, pero nunca llegaron. Tras sus espectaculares campañas anteriores (ver apunte), ahora apenas se arrastra en un más que mediocre 45% de puntos ganados, inaceptable para un grande. Con un puesto 19° en el Torneo Final 2013, 6° en el Inicial de ese año y 2° en el último semestre –aunque con la salvedad de que llegó ya al final sin chances–, y que encima el campeón fue River.  La Libertadores 2013 lo dejó afuera en cuartos de final, y también fueron mediocres sus actuaciones en Copa Argentina.

Para peor, el DT sumó otro llamativo fracaso en su proverbial ojo para sacar lo mejor de sus jugadores: gastó US$ 10.700.000 en 11 contrataciones, pero apenas dos (Juan Forlín y Emmanuel Gigliotti) tuvieron buen rendimiento. El resto son nombres intrascendentes como Claudio Pérez, Franco Cángele, Claudio Riaño, Diego Perotti, Hernán Grana o el uruguayo Ribair Rodríguez, además de referentes que no han estado a la altura como Daniel “Cata” Díaz, Fernando Gago o Fernando “Burrito” Martínez. Otro récord insólito que acumula son las 100 lesiones que acumuló el plantel en dos años.

Las respuestas irónicas a los periodistas han sido su forma de defenderse. “El equipo jugó bien” es un mantra que repite a pesar de derrotas, y que lo han llevado a enfrascarse en varias peleas con periodistas. “Buscó un enemigo puntual –el periodismo– y se acorazó en el discurso. Sabe que todo lo que emite es pura espuma, que la realidad se cocina en el vestuario. Allí donde Carlos Bianchi intenta configurar su equipo. Pide, exige y pone las reglas, pero puertas adentro. Mientras continúa con declaraciones que parecen alejadas de la realidad, a sus dirigidos el mensaje les llega con otro código”, resumió el periodista de Canchallena, Diego Morini.

Pero el domingo no pudo aguantar más esa estrategia: “Le pido perdón a la gente de Boca, no se merecen este momento. No hay excusas, la derrota fue categórica. Pero voy a seguir trabajando, confío en este plantel”, dijo tras otra noche en que se vio a un equipo sin funcionamiento ni alma.

Hasta ahora nadie se atreve siquiera a poner sobre la mesa la chance de sacarlo, porque se trata de una leyenda al que ni la hinchada se anima a reclamarle. Pero todos saben que el crédito se está agotando, y que Bianchi perdió la magia.


Fuente: El Observador

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