¡Al diablo los rumores!

Nacional logró el desahogó cuando comenzaba a convivir con la intolerancia de su gente y el mal humor amenazaba entrar a los Céspedes

Nacional comenzaba a convivir con el mal humor. La molestia de la gente ganaba lentamente las tribunas. El técnico Álvaro Gutiérrez pasaba de ser intocable en el Apertura, a convertirse en un técnico sin rumbo en el Clausura. Y ya se escuchaban los primeros reclamos para que se fuera.

Los hinchas ya no aguantaban el largo alejamiento de Nacho González, mucho menos la inaceptable ausencia del colombiano Valdés. Para colmo se sumó que dejaron ir al Loco Abreu y se desgarró Taborda. Y en la semana una bomba más:  la cláusula en el contrato de Amaral al que, si Nacional no le paga antes del 10 de cada mes, tiene una multa del 100% del sueldo.

Bajo esas condiciones el partido con Atenas era vital para Gutiérrez.

Por eso los cinco cambios. Por eso el debut de Valdés, la vuelta de Alonso, la responsabilidad para Nacho. Era todo o nada para Nacional. No podía dejar que los rumores se le metieran puertas para adentro de Los Céspedes.

El equipo salió con la idea del Apertura. Cuatro en el fondo, dos volantes centrales, tres por delante y un solo punta. La escasa ambición hicieron tediosos los primeros 15 minutos. Nacional se repitió en centros a Alonso.

Y fue Carlitos De Pena el que despertó y le marcó el camino al equipo. Lentamente comenzó a desnivelar por izquierda generando el 1-2 con Espino.

La ausencia de claridad y juego colectivo se disimuló con acciones invididuales, rebotes o remates que permitieron generar seis acciones de gol. Pero el primer tiempo se fue 0 a 0.

Al margen del empate, la gente estaba tranquila y por lo menos Gutiérrez no era blanco de críticas.

 Hasta que a los pocos minutos de iniciado el segundo tiempo Nacional despertó definitivamente. Corrían cinco minutos cuando un centro fue de izquierda a derecha y Barcia la bajó de cabeza al medio. El golero  Méndez dudó, salió tarde y Arismendi no perdonó. Dos minutos después Nacional puso el 2 a 0 en una acción individual del mejor jugador de la cancha, Carlos De Pena.

Alcanzaba y sobraba ante un rival con escaso peso y devastado físicamente porque, sin comerla ni beberla, lo hicieron jugar dos partidos en cuatro días.

Pero mire como son las cosas. En un acción de balón detenido, la pelota rebotó una y otra vez en el área de los bolsos lo que le permitió a Castillo descontar en medio del desconcierto. Corrían 11 minutos y Atenas estaba en partido.

Nacional reaccionó de inmediato. Primero Méndez le sacó una pelota de gol a Alonso en un cabezazo. Y cinco minutos después del descuento Barcia desbordó a su marcador y tiró el centro de la muerte que conectó De Pena por el segundo palo.

Fue el momento del bolso en el partido. Con Porras y Arismendi dueños del medio, Barcia y De Pena convertidos en amenaza latente por las bandas y Alonso esperando su chance, el bolso lo apabulló a su rival. De Pena marcó el cuarto gol en una acción curiosa.

Pero cuando Nacional jugaba para el ole de su tribuna y nada hacia presagiar cambios, el equipo fue ganado por la incertidumbre. La defensa fue un tembladeral y otra vez las dudas se metieron en la cancha del Parque.

Polenta perdió una pelota que generó el contragolpe, y que le permitió a Peraza poner el 4-2. Cinco minutos después el juez sancionó un mano de Porras y Peraza anotó de penal para instalar la inseguridad en las tribunas con el 4 a 3.

En ese momento el equipo de Gutiérrez fue inteligente para manejar la pelota y esperar el momento para dar el golpe final a su rival.  Llegó en los descuentos en una pared que tiraron Alonso con Ramos que terminó en gol del juvenil para sellar el triunfo.

El Parque se desahogó. Gutiérrez volverá a vivir una semana de tranquilidad. Nacional no permitió que los rumores y el mal humor se le metieran puertas adentro.


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