Aguada, el sentimiento más grande que existe

Campeones por última vez en 1976, el fenómeno aguatero y su poder de convocatoria en el básquetbol uruguayo va mucho más allá del éxito deportivo: desde el lunes estarán nuevamente en una final de la Liga

Pocas hinchadas en el mundo pueden lograr con la fuerza de su aliento un efecto intimidante sobre sus rivales. En el básquetbol uruguayo solo una: Aguada.

Sí. Cuando ese mar, humano y rojiverde, entona el “arriba muchachada, que el triunfo nos brindará”, el aguatero es capaz de traer el partido más complicado. De construir milagros.

El sentimiento es muy difícil de explicar: Aguada no es campeón desde 1976 cuando ganó el Federal. Y sin embargo, su tribuna está llena de botijas.

“Es que Aguada se te mete en la sangre. No te lo sacás más”, explica a El Observador Fernando Arnicho, exdirigente del club. 

“Somos locales en todas las canchas”, dice Pablo Ramírez, uno de esos hinchas anónimos que se juntan en General Luna y Melo, cada vez que Aguada juega en su escenario.

Ramírez tiene 34 años: “Nunca vi campeón a Aguada. Lo más cerca que estuve fue en 2008 cuando llenamos el Cilindro y Capurro nos ganó en la hora el Metropolitano”, explicó.

Carlos Favier Soca, un lateral izquierdo que fue campeón de América con Nacional y luego jugó en Peñarol, tiene 44 años y es socio de Aguada desde los 10.

“Es lo único que me fanatiza”, cuenta a El Observador. 

Al igual que Soca, otros exfutbolistas como José “Pepe” Herrera, Gerardo Rabajda o Ruben Sosa, que va pocas veces, siguen al club.

“Lo empecé a seguir a principios de la década de 1980 con aquel equipo de (Jeff) Granger, Tate Vázquez, (Jorge) Garretano. Larry Bacon fue mi primer ídolo”, recuerda Soca.

Garretano y Vázquez fueron, junto a la gran figura de Mario Viola, parte del plantel que en 1976 conquistó el último Federal de los siete que ganó en su historia Aguada.

“Era una época donde los muchachos se formaban en el club. Me acuerdo que Viola calzaba mucho. Le comprábamos unos Topper y el presidente, Julio Lanzillioti, que tenía una fábrica de toldos se los estiraba con lona. Después aparecieron los Adidas en Argentina”, rememora Arnicho.  El padre del músico Nicolás Arnicho siguió el partido del miércoles, cuando Aguada se metió en la final de la Liga Uruguaya al vencer a Malvín 85 a 81 en alargue, por la televisión.

“Sufrí un infarto cerebral hace unos años y me tengo que cuidar, pero no sabés cómo lo sufrí. El lunes voy (a la primera final con Defensor Sporting). Me tengo que preparar. Pensé que nunca más iba a ver a Aguada en una final”, dice Arnicho.

La última vez fue por la Liga de 2005 cuando Trouville lo barrió 3-0.

“Cuando agarró la presidencia (Flavio) Perchsman me junté con él y con (Marcelo) Capalbo (exentrenador del club) y les dije: ‘Estoy podrido de meter plata para salir cuarto’. Pero igual me parece increíble estar en la final con un equipo de seis o siete jugadores y de haber eliminado a Malvín que me animo a decir nos dobla en presupuesto”, agrega.

Aguada está a una serie final de volver a hacer historia: “De chico en el fútbol me enseñaron que a las finales no hay que ir como candidato. Y yo me agarro del hecho que Defensor nos ganó todos los partidos de la temporada para decir que ellos son los favoritos”, expresa Soca.

Ramírez mira atrás. Se acuerda de aquel equipo del Chipi Alles, de Reina, Nocella, y Barrios. “Los jugadores-hinchas. Equipos para mitad de tabla o festejar algún ascenso”. La hinchada siempre estuvo en las derrotas. Aguada es mucho más que un éxito deportivo.  l


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