Adiós al mito

Alcides Edgardo Ghiggia, el último héroe de Maracaná, fue velado y enterrado ante una multitud que lo fue a despedir

En el equipo de la memoria el técnico decidió hacer el último cambio: el hombre de carne y hueso le dejó lugar al mito.

Alcides Edgardo Ghiggia, el mismo al que Obdulio Varela levantó en andas una vez finalizada la final de 1950 y le dijo al oído 'somo campeones del mundo por vos negro', pidió el cambio y se fue a jugar al estadio de los recuerdos.

Así dio lugar a una leyenda que venía siendo alimentada desde hace 65 años, cuando el delantero de Peñarol dejó a Bigode como un cono por el sector derecho y obligó a Moacyr Barbosa a pagar una condena eterna.

Es que el reino de la pelota no conoce de leyes ni justicia, solo de héroes y villanos.

"Mi papá no se dio cuenta del gol que había hecho. Sabía que era campeón del mundo pero no le dio trascendencia y yo supe lo de Brasil cuando volvimos a Uruguay y me anotaron en la escuela. Todos mis compañeros hablaban del gol a Brasil de mi papá y ahí empecé a preguntarme lo que había logrado", le cuenta Arcadio Ghiggia, hijo del mito que nació en Italia mientras su padre jugaba en Roma y Milan, a Referí mientras intentaba sin éxito dominar la emoción.

"Es un momento muy duro, pero me queda la dicha de haberlo conocido. Él hizo un gol inolvidable e inalcanzable" Fernando Morena.
El cuerpo de Alcides dijo basta a los 88 años, en una fecha que dejó a los incrédulos con la boca abierta.

"Estábamos mirando fútbol cuando papá se murió. La repetición de Inter-Tigres por la Libertadores. Yo no creo que (fue) justo (porque) era la fecha de Maracaná, mi padre se murió el día que el resto de los compañeros de Maracaná lo vinieron a buscar. Ahora estarán discutiendo o armando otro partido más", agregó Arcadio con una sonrisa en el rostro.

"Ghiggia y sus compañeros marcaron una epopeya jamás igualada en la historia del fútbol" Raúl Sendic.
El velorio íntimo fue a las primeras horas de la mañana en Previsión y hasta allí se acercaron pidiendo permiso Andrés Scotti y Diego Godín, dos hombres identificados con la selección celeste quienes convivieron con la leyenda de Maracaná durante un mes en Sudáfrica 2010.

El Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, especialmente acondicionado para celebrar en esta jornada –donde se conmemora el 18 de julio y estarán presentes Tabaré Vázquez junto a los expresidentes– fue el lugar indicado para despedir al ídolo.

"Ghiggia nos legó la alegría más importante y duradera que tuvimos los uruguayos. Es parte del mejor Uruguay" Juan Pedro Damiani
Autoridades políticas como Raúl Sendic, José Mujica, Lucía Topolansky, Daniel Martínez, Mariano Arana, Liliam Kechichian, Jorge Gandini y Luis Lacalle Pou coincidieron con personas vinculadas al fútbol como Wilmar Valdez, Roberto Pastoriza, Juan Pedro Damiani y Fernando Morena.

El titular mirasol recordó a Ghiggia como "un hijo predilecto de Peñarol" y afirmó: "El fútbol uruguayo lo convirtió en un hijo del mundo en el tema deportivo. Ghiggia nos legó la alegría más importante y duradera que tenemos los uruguayos y demostró que lo imposible se puede conseguir cuando se tienen convicción, ganas y calidad. Es parte del mejor Uruguay, un país en que se hacía un estadio en seis meses sin la tecnología que hay ahora, en el que se dormía con la puerta abierta y una juventud símbolo de lo que era ese país. Fue tan genio que lograba ser inmortal estando vivo. Cuando supe la noticia me quedé muy tranquilo de que por suerte pudo dejar sus huellas en la piedra fundamental del estadio".

"Su gol fue la alegría más grande que viví; solo comparable a cuando salí de la cárcel" José Mujica.
El director de Deportes, Fernando Cáceres, prefirió vivir la ilusión de que Ghiggia era inmortal: "Para quienes lo conocimos y lo acompañamos, él nos fue convenciendo con el paso del tiempo de que era inmortal. El sentimiento inicial es de tristeza, pero de orgullo por lo que significa para los uruguayos. Él es un símbolo, una leyenda que se escribió de forma natural y espontánea".

El cuerpo de Ghiggia descansa en el Panteón de los Olímpicos junto a los hombres que escribieron la historia y marcaron a fuego la gloria en color celeste.

La leyenda seguirá jugando.


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