Ache se llevó el reconocimiento de todos

El flamante presidente vivió una jornada emocionante el sábado en la sede

“Le dejo mi tarjeta. Cuando sea presidente lo llamo, porque tengo algunas ideas para el club”, le dijo un socio de unos 30 años a Eduardo Ache, cuando el reloj marcaba la hora 17.30, lo saludó y se fue. Por el otro costado, un muchacho de unos 25 años, de pelo largo y que llevaba una camiseta polo de Nacional, le palmeó el hombro y le dijo: “Eduardo, tenemos que defender la Ámsterdam. La Ámsterdam tiene que volver a ser nuestra”. El socio no dejó que el candidato de la lista 5 emitiera sonido. Apenas asiente con la cabeza. “Muchas gracias, Eduardo”, le dijo y se alejó. Enseguida llegó una señora de 83 años, junto a una amiga un par de años menor, que hazo de vocera. “¿Sabe quién es?”, le preguntó al periodista de El Observador. “Ella es la que cortó la cinta cuando se realizó la reinaguración del Parque Central en 2004. Ella es Yolanda Ruiz, tiene 83 años y vino a votar”, subrayó, mientras Yolanda abrazaba a Ache y le deseaba suerte.

Todo esto transcurría en el corredor central de la sede del club, donde se desarrolló ayer el acto eleccionario en los 25 circuitos (21 de Montevideo y 4 del interior) que se distribuyeron a lo largo y ancho de toda la planta baja de la sede. “La demostración que viví de la gente en estos meses es increíble”, señaló Ache a El Observador con  orgullo y al mismo tiempo conciente de la responsabilidad que debe afrontar.

Enseguida el diálogo entre el candidato y el periodista se interrumpió porque María Ester le dice que lo votó y se acerca para decirle un secreto, que se escucha a la distancia.

“Soy socia vitalicia desde al época de Restuccia y me quedé tranquila la última semana porque con sus palabras usted llevó a que todos en Nacional estuviéramos más en paz”, le manifestó, al tiempo que lo saludó y se fue caminando lentamente.

La sede era una romería, que recorrían hombres y mujeres de todas las edades. Desde niños a ancianos, hasta en sillas de ruedas o ayudados por un bastón.

De pronto, cuando Ache seguía hablando con El Observador y quedó de espaldas a la puerta de ingreso, alguien le tocó la espalda y le señaló. “¡Mirá quién viene ahí!”. “Uhhh”, expresó Ache y salió al cruce para saludarlo. Era el Trucha Feuerstein, una gloria del básquetbol de Nacional, un goleador tremendo de la década de 1930 y 1940, que con más de 80 años llegó hasta la sede caminando con dificultad. Una señora lo interrumpió y le dijo: “Labor cumplida. Mire mi carné”, aunque Ache no se distrajo porque se quedó con Feuerstein y la señora le mostró el carné al periodista y le explicaba: “Mire, mire, es de 1950”.

Alrededor de Ache parecía que todo transcurría con vértigo, porque no consiguió detenerse a hablar con El Observador, ya que se sumaban otros a la charla en forma permanente.

El dos de la lista 5, Mario Menéndez, acompañó a Ache y fue testigo del asedio de los socios. También recibió el reconocimiento de todos.

Unos minutos después se integró Luis Fernández, el tercero de al lista de Ache, y comprobó en carne propia, como cada vez que estuvieron de gira por el interior o en distintos lugares de Montevideo, el reconocimiento de los hinchas.

Enseguida se acercó un hombre mayor de lentes y le dijo al que horas después sería presidente de Nacional: “Acabo de votar. Ya está”.

Ache le extendió la mano y el veterano se acercó y le dice: “Fui dirigente cuando fuimos campeones del mundo en 1980, espero que vos lo logres”, le informó y le expresó su deseo quien no se identificó ni es un rostro conocido de la dirigencia que tuvo Nacional en el mandato de Dante Iocco.

Así fue todo el día para Ache, desde que llegó antes del mediodía a la sede y pasó la jornada charlando con socios y periodistas. Desfiló por todas las radios que emitieron en directo las elecciones tricolores, que transcurrieron entre las 9 y las 20.

La sede Nacional fue testigo el sábado de una jornada cívica con una convocatoria inusual para el fútbol uruguayo, con casi 6.000 personas, el 50% del padrón habilitado, que le dio un marco especial, con una multitud que acompañó incluso a más 80 metros de la sede, por  la avenida 8 de Octubre, entre las mesas que ofrecían las listas de la 1 y de la 5, los de la barra que buscaban recaudar dinero en un día en el que los socios podían llegar con ánimo de colaborar y aquellos que hacían el peso pintando el rostro o vendiendo escudos de Nacional.


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