A Uruguay le tiraron Flores

La selección celeste ensayó con goleada ante un combinado de jugadores porongueros que no plantearon ninguna resistencia para el equipo de Tabárez

Tránsito congestionado, abuelas en las plazas cebando mate, niños pintados de color celeste, niñas en edad preadolescente gritando desaforadas ante la presencia de los jugadores de la selección y un sol radiante fueron el marco de la presencia celeste en Flores para encarar el primer partido de preparación rumbo a la Copa Mundial Brasil 2014.

El trauma ocasionado por la operación de meniscos que le practicaron a Luis Suárez, dio paso a la alegría de gritar goles de forma consecutiva (terminó 10-0), por más que el sparring del seleccionado uruguayo fue muy amateur en relación al resto de los contendientes.

Tabárez apostó a una formación clásica 4-4-2, con Fernando Muslera bajo los palos, Maximiliano Pereira, Sebastián Coates, Diego Lugano y Martín Cáceres al fondo, Walter Gargano y Egidio Arévalo Ríos en la contención, Gastón Ramírez y Álvaro Pereira por las bandas dejando la ofensiva a cargo de Diego Forlán y Abel Hernández.

En los primeros minutos Uruguay se dedicó a hacer circular la pelota ante un rival que se plantó en su mitad de terreno para, reforzado con Juan Castillo, Andrés Scotti, Matías Quagliotti, Héber Collazo y Kevin Méndez, intentar hacer la mayor fuerza posible ante los representantes mundialistas.

El equipo de Tabárez estuvo anunciado en su columna vertebral, falló en la transición defensa-ataque, los laterales se soltaron poco y Gastón Ramírez –el señalado para crear el fútbol– apareció en cuenta gotas. Justamente una aparición del fraybentino y la primera anotación de la Joya Hernández cerraron el primer tiempo en favor de Uruguay por 2-0, momento en que Juan Castillo le dejó el lugar al arquero local y se desató el vendaval de goles uruguayos para cerrar un resultado anecdótico.

El nivel de juego y las falencias a mejorar no tienen peso porque, como aclaró Diego Lugano en conferencia, la idea del partido era aflojar las duras cargas del trabajo semanal y recibir el cariño de una parcialidad que no cesó nunca el aliento, los halagos y los pedidos de fotos. La mañana fue celeste, emotiva y perfecta.


Fuente: Danilo Costas, enviado a Trinidad

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