A Peñarol le salió la táctica del milagro

Da Silva desarmó lo que funcionaba y amontonó gente arriba, pero al final tuvo premio
El partido de Peñarol fue un microcosmos de lo que ha sido la era Jorge Da Silva: una permanente y por momentos desesperada búsqueda del equipo y el juego. Eso lo ha llevado –durante el año y también los 90' de ayer– a hacer cataratas de cambios. Ayer, el equipo perdió la línea cuando la empezaba a construir , pero por el sacrificio y la entrega, terminó empatando sin jugar bien, aunque con el premio de mantenerse arriba de Nacional.

Ya van 12 fechas y Peñarol no ha encontrado ni el equipo y ni el juego. Y quizás, los cambios del DT hasta pueden haber conspirado contra eso. Pero la táctica del milagro le funcionó, y hoy se lleva el mérito.

Peñarol empezó jugando con un 4-3-1-2. La línea de cuatro conocida atrás, y adelante un experimento: Marcel Novick como volante central y a sus costados –un poco más adelantados– Nahitan Nández y Luis Aguiar. La sorpresa era Federico Valverde como enganche, y adelante Forlán y Murillo.

Pese al experimento en pleno clásico, Peñarol se fue afianzando en el correr del primer tiempo, luego de un inicio en el que Novick quedó solo en la mitad de la cancha y se ganó la amarilla. Con Aguiar y sobre todo Nández acompañándolo más, Peñarol logró hacer pie. Valverde y Forlán tapaban la salida de Romero y Porras, y con eso Peñarol pasó de dominado a dominador . El "Pajarito" se hacía cargo del compromiso, y aunque erraba más de los que acertaba, cuando lo hacía era peligroso.

Así, Peñarol controlaba a un Nacional que sin su faro de fútbol Nicolás López, y sin uno de los pistones por el lateral –Kevin Ramírez– descendía notoriamente su producción. Con Romero y Porras controlados en ataque, con Tabó limitado por Nández y Aguirregaray, con Barcia y Sebastián Fernández intrascendentes, todo se resumía a pelotazos a Gamalho, que perdía más de lo que ganaba con los zagueros rivales.

Pero como en todo el año, nada de Peñarol termina siendo permanente: las señales positivas aurinegras se esfumaban con el penal a los 48'. Nacional 1-0 y a salir a buscarlo.

A la desesperada

Ahí empezó el desequilibrio aurinegro, desesperado antes de tiempo. Da Silva mandaba a la cancha a Rossi y sacaba a Nández, uno de los mejores hasta ahí. Nunca se había decidido en la semana por Rossi o Murillo, entonces se sacaba la duda y ponía a los dos delanteros, manteniendo el dibujo pero cambiando tres jugadores en sus puestos (ver canchas).

Y después Da Silva siguió metiendo mano: a los 63' entró Hernán Novick por Murillo. El volante se paró en la banda, donde hasta allí jugaba Valverde –que pasó de doble cinco– mientras que Forlán –que había pasado de enganche unos minutos antes– volvía de punta para acompañar a Rossi. Más cambio de dibujos aunque el gol llegaba de pelota quita a través de Aguirregaray.

Pero no tuvo tiempo para disfrutarlo, porque poco después llegó otro gol de penal de Nacional para el 2-1. Nacional ponía a Carballo en lugar de Tabó, para cerrar el partido.

Y allí Da Silva quemó las naves: Maxi Rodríguez por Valverde para quedar con un único volante de marca –Marcel Novick– y cinco jugadores ofensivos amontonados adelante suyo. Uno solo de área –Rossi– y el resto entreverados en la cancha para tener la pelota.

¿ Ofensivo? Seguro. ¿Útil? Muy difícil de sostener, porque en ese lapso la creación ofensiva de Peñarol llegó a cero. Fue todo ganas, pero también haraquiri, al punto que Nacional lo pudo cerrar de contra, no una sino dos veces, y que también trajo una roja a Guillermo Rodríguez por una falta de último recurso cuando Sebastían Fernández se iba solo al gol.

Desequilibrio. Esa es la constante de Peñarol a lo largo del semestre. Pero a su vez, la otra constante: pese a jugar mal, a ser atolondrado, a querer saltearse pasos, a no tener paciencia para construir lo que está bien, a destruir y buscar otros caminos antes de tiempo, Peñarol sigue puntero y cada vez más cerca del título. Ayer, fue por la heroica de Novick, que terminó jugando de zaguero y que fue a buscar la última de cabeza para el 2-2.

Desde el planteo, Da Silva cambió el equipo cuando jugaba bien, y en su afán de ganar hizo cambios como para perder. Pero la táctica del milagro le salió, y hoy Peñarol sonríe.

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