"A Peñarol iba a entrenar sin comer"

Avergonzado porque no tenía championes, estuvo a punto de dejar el fútbol; meses después jugó en Real Madrid y volvió a Peñarol
"Muchas veces me faltó un plato de comida en mi casa. Yo me iba sin almorzar porque en mi casa no había", son las palabras que disparan la conversación como un pelotazo en el pecho.

Quien pronuncia la frase puede ser cualquiera de los uruguayos de los estratos sociales más golpeados, pero no, se trata de un futbolista de 18 años que hace pocos días paseaba sus sueños de pelota y potrero por las capitales europeas defendiendo a Real Madrid, al que llegó duerante una temporada a préstamo. No hizo tanto ruido como su compañero Federico Valverde, que está a punto de irse de forma definitiva en junio, pero también vivió una experiencia que le cambió la vida.

Es Mathías Rodríguez, un juvenil de Peñarol que reconoce que antes de las cámaras y los flashes pasó hambre en días donde los platos solo se llenaban de ilusiones.

"Un día me agarró un preparador físico de Peñarol con el que tengo confianza y me preguntó si comía bien. Le dije que no, que había días que faltaba la comida en mi casa"
"Un día me agarró un preparador físico de Peñarol con el que tengo confianza y me preguntó si comía bien. Le dije que no, que había días que faltaba la comida en mi casa y ahí empecé a ir a comer a la casita de juveniles", agrega Rodríguez, ya de regreso en su casa de Malvín Norte y custodiado por su madre, su abuelo y una hermana pequeña que ignora la escena concentrada en dibujos animados.
El camino de Rodríguez desafía el paradigma de los jugadores salvados, de los millones de dólares y el glamour europeo.

Fue justamente contra un equipo español que pudo mostrar su juego: "Había debutado en Primera con Peñarol y después del partido con Málaga (por la Copa Euroamericana), me llamó mi representante para comentarme que había una posibilidad de irme a Real Madrid".

Al pibe el sueño lo desbordaba. Cuando quiso compartirlo nadie le creía y había motivos de sobra para ser pesimista: "Cuando llegué a mi casa y le dije a mi madre ella no me creía, le hablaba en serio y se reía hasta que le tuve que mostrar los mensajes que me mandaron".

Tres días más tarde embarcaba un vuelo a Madrid, donde controlar la ansiedad fue todo un desafío: "Cuando fuimos a Corea eran como 36 horas de vuelo, pero iba con la selección, charlando, escuchando música y se pasaba más rápido. El viaje a Madrid se hizo eterno", dijo Rodríguez que en realidad no viajaba solo. Hermanos, madre y abuelo viajaban con él, todos corriendo detrás de la ilusión merengue.

Mathías Rodríguez
La pesadilla de la heladera vacía había terminado y eso ya era motivo suficiente de festejo como para disfrutar el resto: "Se juntaron todas las emociones porque debuté un día en Peñarol y al otro día me quería Real Madrid. Estuve como dos semanas sin entrenar en Madrid porque faltaba un papel de Peñarol que demoró en llegar, pero apenas llegué a la ciudad me llevaron a conocer el complejo deportivo y el nivel es de otro planeta".

Cuando la documentación llegó, Rodríguez se puso a la orden del Real Madrid Castilla y del Juvenil A bajo el mando de Luis Miguel Ramis, entrenador que siempre lo hizo jugar en su puesto natural: "Yo dejé el CAR (el Centro de Alto Rendimiento de Peñarol) por Real Madrid y no lo podía creer. Las canchas de Real Madrid están a otro nivel y no se pueden comparar".

Con el equipo madrileño jugó por la liga local y la Liga de Campeones sub 19, donde conoció varias ciudades europeas que le abrieron la cabeza. Sin embargo, tras la llegada de Santiago Solari (ex Peñarol en la temporada 2010/2011) vio relegada su participación.

Pero el sentimiento de hincha lo traicionó, dejando constancia de que las muestras de amor tienen doble filo: "El contrato era hasta junio pero me suspendieron dos semanas porque llegué un día tarde. Me vine a Montevideo para la inauguración del estadio de Peñarol y llegué a Madrid un miércoles cuando tenía que presentarme el martes. Entonces sumé las dos semanas sin entrenar a que Solari no contaba conmigo y les dije que no quería seguir, que quería venirme".

La visita al Campeón del Siglo lo dejó fuera del sueño, pero Rodríguez no se arrepiente: "Toda la vida esperé el momento de ir al estadio de Peñarol y no me lo podía perder. Tenía que estar. Disfruté mucho de la fiesta y la inauguración".

A Mathías los 18 años se le pasaron rápido y abre el confesionario otra vez: "Te voy a contar algo. El año pasado empecé dos semanas después la pretemporada en Peñarol porque no tenía championes de fútbol y nadie me los daba. En ese momento pensé en dejar de jugar porque me daba vergüenza seguir pidiendo prestado. A los cinco meses de eso estaba en Real Madrid y ahí empecé a valorar mucho más todo, no lo podía creer".
Los championes, algo tan básico para jugar al fútbol, lo llevaron a cambiar de representante: "Estoy en Peñarol desde sexta división y me trajo Mario Caramés, que era mi anterior representante hasta que rompimos la relación porque no me servía mucho, solo me daba $500 por partido y no tenía championes de fútbol para entrenar ni para jugar".

Rodríguez hizo solo hasta primero de liceo y nunca tuvo relación con su padre, por lo que su abuelo y su mamá cumplieron un rol fundamental en su crianza: "Yo con mi padre no tengo relación, lo conozco pero no hay vínculo. A veces viene a verme pero no le doy bola, nunca me dio nada, no estuvo antes y no me interesa ahora. Yo me crié con mi madre y mi abuelo. Mi abuelo me daba camisetas de Danubio, me llevaba siempre a la cancha pero le salí hincha de Peñarol. Igual la camiseta de Danubio me la puse alguna vez, pero solo para quedar bien con él (risas)".

Mathías tiene contrato por cuatro temporadas más con Peñarol y el sueño de volver a salir no lo desespera: "El otro día estaba en la Tribuna Cataldi y un pibe viene y me dice: '¿Vos jugabas en Peñarol?', cuando le dije que si me dijo que tenía que hacer fuerzas para volver y eso es lo que hago. Quiero llegar a la Primera y consolidarme un buen tiempo".

Con la heladera llena y championes de sobra, Mathías solo quiere cumplir el sueño de todo pibe: jugar en el club de sus amores y darle una oportunidad al futuro de su familia.

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