A Napout lo traicionó la confianza: así fue la caída del presidente de Conmebol

Hasta ayer el presidente de Conmebol se mostraba como la nueva era, pero la ola del Fifagate se lo terminó llevando con sus viejos enemigos
Hasta ayer, Juan Ángel Napout exudaba confianza. Hasta el último momento antes de caer, el presidente de la Conmebol se mostraba ajeno a la vieja guardia del fútbol sudamericano, y se presentaba como el nuevo tiempo. Vía Whatsapp era una máquina de anunciarle "buenas noticias" a los periodistas, y se preocupaba minuciosamente de la imagen suya y del organismo, intentando mostrar que su gestión significaba la apertura y la transparencia.

Pero había un gran signo de interrogación sobre su mandato: como presidente de la Asociación Paraguaya de Fútbol, era parte de la cúpula que en 2013 firmó los contratos de televisación de Copa América con la empresa Datisa, por la cual fueron cayendo uno tras otro. Según la Justicia de EEUU, 9 de los 10 presidentes de entonces habían aceptado las coimas.

Napout había desplazado a Eugenio Figueredo en agosto 2014 el frente de Conmebol. El uruguayo lo tomó como una traición, pero el paraguayo aceleró en su intención de desplazarlo y quitarle el poder, y por eso anunció que desde mayo de 2015 tomaría el lugar de Figueredo en el Ejecutivo de FIFA. El cambio de mando nunca se llegó a dar físicamente, porque la policía suiza detuvo a Figueredo y otros muchos dirigentes sudamericanos un día antes. Desde ese día, el rumor de que la vieja guardia, ahora presa, declararía en contra del paraguayo, siempre estuvo latente.

"Me remito a nuestra primera declaración. Hay una investigación en curso y nos ponemos a disposición. Respetamos la investigación. Lean nuestro primer comunicado. También dijimos que todo lo que recibimos está depositado en las cuentas de la Asociación Paraguaya", le respondió a Referí en julio de 2015, consultado sobre la causa del FBI acerca de las coimas que aceptaron 9 de los 10 presidentes de Sudamérica.

"Entiendo lo que se ha dicho, pero la realidad dista mucho de muchas cosas que se escriben. Hay 45 empleados de Conmebol, y estuvimos trabajando sábados y domingos. Sabemos que tenemos que trabajar mucho", dijo también sobre su ausencia en buena parte de la Copa América, que muchos tomaron como una precaución a viajar ante el temor de ser arrestado.

Pero luego de eso, Napout apareció por todos lados. Fue como que alguien le hubiese dicho que no había de qué preocuparse. Fue una máquina de hacer anuncios: la rescisión de contrato con Datisa para la Copa Centenario, el nuevo acuerdo con Fox Internacional para la Copa Libertadores dejando afuera a los empresarios presos, incluso ayer: el acuerdo con IMG para los derechos de imagen de la Copa Centenario 2016.

Tras la Copa América Napout anunciaba que todos los temas económicos y legales de la Conmebol habían pasado a ser manejados por la firma de abogados de Boston McDermott, Will &Emery. Había buscado un estudio prestigioso y carísimo –la AUF lo quiso contratar pero no le daban las cuentas- de Estados Unidos, el mismo país donde se manejaba la causa del FifaGate, para escapar a las sospechas. "Todos estos pasos que estamos dando con la firma de EEUU son fundamentales, así como también las auditorías. Son todas acciones que se necesitan para tener una Conmebol accesible y transparente", le contaba a Referí.

Pero en los últimos tiempos las sospechas aumentaron. En la reunión de Conmebol, la semana pasada en Río, se rumoreó que un fiscal brasileño –en colaboración con la Justicia de EEUU- había tomado declaración a varios dirigentes sudamericanos. Todos lo negaron, al menos on the record. Napout dio una conferencia de prensa, y habló del show que sería el sorteo de la Copa Libertadores, el 22 de diciembre. Será la primera gran actividad de Conmebol a la que falte como presidente.

Napout estaba seguro de sí mismo. Anunció por su cuenta un apoyo de Sudamérica a Michel Platini en las elecciones de la FIFA, algo que molestó a algunos dirigentes. Y por eso, lejos de tomar como un golpe a su credibilidad cuando el francés entró en desgracia tras ser suspendido por pagos irregulares de parte del presidente de FIFA Josep Blatter, dobló la apuesta y lo defendió públicamente.

Pero los rumores de su caída estaban. Incluso, por Whatsapp, Napout hacía circular notas periodísticas con especulaciones sobre quienes estaban detrás de su caída, inclusive una que hablaba de un pacto entre el expresidente Figueredo y Francisco Casal, dos viejos enemigos. Casal había promovido la denuncia penal a Conmebol en 2013 luego que no le otorgaran los derechos del fútbol sudamericano a su empresa GolTV, y en setiembre declaró ante la justicia uruguaya: "La mafia sigue enquistada en Conmebol". Napout, en diálogo con Referí en julio, había catalogado a GolTv como "una empresa muy seria", pero la relación ya se había quebrado. En Uruguay, muchos dirigentes lo cuestionaron y lo tacharon como uno más de la vieja guardia, por mantener la relación con Fox, aunque ahora con una nueva arquitectura jurídica, sin los empresarios presos.

Y a pesar de los rumores, Napout seguía confiado. Solo por eso se entiende que esta semana viajara a Suiza -junto a EEUU el epicentro del Fifagate- de donde se había ido sin un rasguño en mayo, cuando se sucedió la trama de arrestos. En aquella ocasión se fue festejando que Sudamérica mantuviera las cinco plazas y media para el Mundial 2018. Más allá de eso, había quedado en la nebulosa como uno de los presidentes de Sudamérica sospechosos de recibir coimas, pero siguió adelante.

Ahora volvió a Zurich para participar de la reunión de Comité Ejecutivo que iba a tratar las reformas del organismo en pos de mayor cristalinidad. Pero la ola del Fifagate le ganó a su confianza, y lo terminó tragando.

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