A Nacional un chispazo le alcanza

Con un ratito de inspiración de Iván Alonso y dos goles de De Pena, a Nacional le alcanzó para derrotar a Atenas y seguir prendido detrás del puntero

No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”. El Campus de Maldonado fue ayer el cielo de Neguá desde el cual, según escribió Eduardo Galeano, un hombre vio a la humanidad como “un mar de fueguitos”. Por eso bien puede decirse que a Nacional le alcanzó con un par de chispazos para ganarle a Atenas de San Carlos.

Más allá de la obvia distinción entre el fuego grande tricolor, obligado a ganar, y el chico de Atenas, que salió con una postura de sumo respeto a enfrentar a su rival, este Nacional va tomando brillo en el Apertura porque tiene un fuego que cuando se acerca a los demás enciende. Y se llama Iván Alonso.

Más que un goleador, más que un simple culminador de jugadas, Iván es cada vez más jugador. Por eso a Nacional le alcanzó que apareciera un par de veces para derrumbar la muralla defensiva que le planteó el locatario.

Edgardo Arias propuso un partido inteligente. Dispuso un 4-1-4-1 con el cual superpobló el medio, tapó las subidas de los laterales tricolores y truncó la generación del juego rival en la zona del doble 5.

Y después adoptó la misma actitud que Nacional para salir del fondo: de punta y para arriba. Sin vergüenzas ni remordimientos estéticos.

Entonces el partido se convirtió en una tediosa búsqueda de segundas pelotas donde a diferencia de los partidos anteriores a Nacional le jugó en contra el estado del campo de juego: pasto alto, largo, seco. La falta de los regadores que se colocan en el Parque Central –solo por la zona donde atacará el tricolor en cada tiempo– no fue un detalle más. El trámite se enlenteció y el beneficiado fue Atenas.

Pero de repente, todo cambió. Porque el lateral Alexander Pompeu cometió una falta innecesaria contra Arismendi que protegía la pelota de espaldas a la cancha y contra la raya. Lo amonestaron. Y Arias se sintió obligado a mover sus piezas para no exponer al jugador a una segunda amarilla.

Grave error. Y determinante. El que fue a marcar la zona fue Guillermo Trinidad, que en siete minutos se mandó tres macanas que hicieron del objetivo de su equipo un puñado de cenizas.

Primero quedó enganchado en una pelota larga que puso Porras. Alonso corrió solo y se la picó a Barlocco. De Pena la empujó antes de que entrara. Iban 31’ de juego y Nacional –mucho menos Atenas– no había tenido una sola acción clara de gol.

Siete minutos después Alonso puso una de esas asistencias donde combina lectura de la situación con talento y precisión. De espaldas a la jugada habilitó a De Pena  –¿a espaldas de quién? Sí, de Trinidad– y Carlitos definió fenómeno desparramando al arquero. Cosa juzgada.

Trinidad tuvo un tercer error dejando habilitado a Alonso (que esta vez falló) y desarticulando una línea de cuatro que manejada por el brasileño Jerson Fraga –muy buen jugador– había arrancado a la perfección.  

En la reanudación del partido tras el entretiempo, Arias reposicionó a sus jugadores según el plan original.

Pero ya era tarde. Porque Atenas no alumbró ni quemó. No tuvo a su disposición un solo córner en todo el partido. Y ese dato encierra una gran verdad: revela qué tan cerca jugó del arco rival o qué peligró generó.  Nada. O nada más que un remate de Santiago Barboza de afuera del área que pegó en el vertical derecho de Munúa.

Ya iban entonces siete minutos del segundo tiempo. Fuego sereno el de Atenas si los hay. No se enteró del viento en toda la tarde.

Y eso que Nacional no tuvo nunca la voracidad de incendio forestal que demostró ante Defensor, Danubio o River.

Lejos de eso. En el segundo tiempo se replegó. Como desinteresándose del partido. Faltaban 30 minutos y el técnico le puso pausas al contraataque con el ingreso del Chino Recoba. Más tarde sumó a Calzada y finalmente Mascia en lugar de Iván Alonso, que sigue escalando lugares en el aplausómetro tricolor.

Así está Nacional. Loco de la vida. Llenando el aire de chispas. Con el talento de Alonso y las respuestas de un plantel donde los que entran –como De Pena– rinden tanto, o más, que los habituales titulares. Y a un puntito de la cima, las ilusiones se encienden. 


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