A Nacional le alcanza y le sobra

Con el sello de su estilo solidario, pragmático y eficaz, Nacional derrotó a Cerro 1-0 y se coronó campeón del torneo con dos fechas de anticipación

Faltan 20 minutos para que termine el partido y con tibias intenciones, Cerro se arrima sobre el área de Nacional que gana 1-0. Sin embargo, el hincha tricolor desata el festejo: “En el fútbol uruguayo, lo más grande es Nacional/Dale campeón...”. No es exceso de confianza. Es convicción. El reflejo de lo que transmite el equipo de Álvaro Gutiérrez desde la cancha.

Y así fue. No hubo arremetida ni sorpresas. Sustos ni sufrimiento. Nacional derrotó por la mínima diferencia al albiceleste y fue campeón cuando todavía faltan dos fechas para el final del certamen.

Campeón por demolición. Campeón por destrozo. Mucho más en lo numérico y lo estadístico que en la calidad futbolera que despliega el equipo sobre la cancha.

Pero en esto del fútbol todo tiene su razón de ser.

Cuando Gutiérrez asumió el mando del equipo, Nacional venía de perder un clásico por goleada (0-5). Además, la institución arrastraba cinco torneos cortos sin títulos y dos Uruguayos sin dar la vuelta olímpica.

Demasiado para un club acostumbrado en lo que va del siglo (ocho Uruguayos contra tres de Peñarol y Danubio) a ser campeón.

¿Era el momento para privilegiar las formas o los resultados? Gutiérrez apostó decididamente por la segunda opción. Porque un equipo grande –y más en estado de crisis– no tiene mañana. Vive y comulga del hoy.

Iván Alonso lo llamó “Nacional obrero”. El Observador “Nacional eficacia”. Sin fútbol vistoso ni de alto vuelo, sin brillo, el tricolor se hizo fuerte desde el aplastante debut ante Defensor Sporting (5-2), tal vez su mejor exhibición en el certamen.

Robusteció su imagen ante equipos con mayor volumen de juego (River Plate, Danubio, Wanderers, Racing, Peñarol) y quedó en evidencia contra aquellos que se le metieron en la cueva a esperarlo agazapado.

Pero de una manera u otra (salvo el tropezón contra El Tanque Sisley), el equipo fue sumando una victoria atrás de la otra.

Con signos de contundencia, imponiendo su estilo solidario en todas sus líneas (todos aprietan los dientes para marcar), sólido en defensa (no existe delantero que haya encarado a Polenta y lo haya gambeteado), listo siempre para atacar en velocidad y asociar a los jugadores de buen pie imprimiendo intensidad en su juego en los últimos metros de la cancha. Donde se ganan los partidos y donde el bolso es letal (sus 29 goles lo hacen el equipo más anotador del certamen).   

Cerro llegó el domingo al Parque para cerrar filas en el fondo. Y complicó a los albos. Porque se atrincheró con cinco defensores e intentó progresar la cancha por abajo dándosela a Grossmüller que siempre la jugó redonda, limpia, simple. Como si esto se tratara de un juego.

Nacional intentó desde el fondo con pelotazos, como en todo el campeonato. En su estilo no cabe la mínima apuesta al riesgo. Se juega por abajo en el tiempo y el espacio que el rival concede. Jamás un saque de arco de Munúa busca a un zaguero arrimándose al área. No. Se busca en largo porque el equipo es más fuerte peleando la segunda pelota que manejándola.  

Bajo esa escenografía, el gigante Rodrigo Canosa sacó un montón de balones por arriba y fue constituyéndose en figura.

Pero cuando el partido llegaba a la media hora de juego, Recoba dispuso de un tiro libre un poco más lejano del memorable gol que hizo en el clásico y sembró temor. También confusión, porque en vez de pegarle al arco la pinchó, Alonso pivoteó y la mató de pecho para que Arismendi entrara de frente para poner el 1-0.

Con una pelota quieta, Nacional abría el partido y modificaba su trámite: en el segundo tiempo, Cerro pasó a defender con cuatro soltando a Lucas Hernández a la línea de volantes.

Los dirigidos por Juan Tejera se arrimaron, pero se chocaron con una defensa sólida. La mejor del torneo (seis goles en 13 partidos) y en cada contragolpe –esporádicos pero profundos– Nacional estuvo mucho más cerca del segundo que su rival de llegar al empate.

Fuentes, con dos grandes atajadas, evitó dos goles a Alonso. Pero la victoria de Nacional nunca corrió riesgos. Como tampoco la obtención del campeonato. Porque con un fútbol práctico y ordenado, le alcanzó y le sobró –dos fechas– para arrasar en el Apertura.  


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