A los hinchas de Betis se les acaba la paciencia con Poyet

Los aficionados se enfadaron tras la dolorosa derrota sufrida de locales en el Benito Villamarín ante Espanyol por 1-0

El entrenador uruguayo Gustavo Poyet no ha encontrado el rumbo ni, hasta el momento, dado con la tecla en forma de juego y resultados en su debut en la Liga española como entrenador de Real Betis, y ello se ha traducido en que la afición bética haya incrementado sus urgencias y reclamado su marcha.

El detonante del enfado de la afición bética fue la dolorosa derrota sufrida ayer en el Benito Villamarín ante Espanyol por 0-1, el pobre juego desplegado por los verdiblancos y su incapacidad de remontar un resultado adverso, lo que se tradujo en la generalización del grito de "Poyet, vete ya" por parte de la grada.

Betis venía de ganar sobre la bocina en Pamplona ante Osasuna con un gol de falta en el último minuto del chileno Felipe Gutiérrez, pero había acumulado suficientes interrogantes en su juego que ayer se tradujeron en una protesta mayoritaria de la afición al final del partido ante los de Quique Sánchez Flores.

Real Betis puso este año en manos de Poyet un novedoso proyecto con doce caras nuevas para salir de la inestabilidad de temporadas anteriores y llevar al equipo a puestos europeos después de quedar la pasada temporada en décima posición con dos inquilinos en el banquillo de Heliópolis, José Mel y Juan Merino.

Los diez partidos transcurridos hasta el momento han tenido, sin embargo, un pobre balance de resultados, con cinco derrotas, tres victorias y dos empates y, por encima de ello, la sensación de que el uruguayo no acaba de encontrar el rumbo que pregonó desde su llegada a Sevilla.

Betis ha sido incapaz de encadenar dos victorias consecutivas en un comienzo de temporada en el que, además, ha sufrido sendas y sonrojantes goleadas ante Barcelona en el Nou Camp (6-2) y Real Madrid en casa (1-6), ha perdido contra el eterno rival en el Sánchez Pizjuán (1-0) y, ante todo, no ha encontrado un plan de juego fiable.

Poyet, entre otras decisiones, sentó en el banquillo a Rubén Castro para luego rescatarlo, ha condenado al ostracismo a la esperanza Dani Ceballos y no ha logrado consolidar en diez partidos un plan reconocible de juego, bien con un 4-3-3 ó con un 4-4-2, que satisficiera a la afición y se tradujera en los resultados blasonados en muchas comparecencias de prensa.

En este sentido, el propio Poyet ha podido pecar de precipitación al criticar a la afición que le criticaba y de no ser diplomático en su relación con los medios de comunicación, aspecto éste en el que un determinado momento pareció plegar velas en busca de unidad.

El uruguayo reconoció anoche tras la derrota ante los de Quique Sánchez Flores que no le preocupa "nada" su posible pérdida de crédito por sus declaraciones porque es como es y "cuando quieran a un entrenador falso que diga lo que ustedes (los periodistas) quieran y lo que la gente quiera escuchar, pues fantástico".

"Me imagino que a un entrenador falso también le van a pedir cuando pierda que se vaya. Prefiero que el día que me tenga que ir me vaya como un hombre honesto, educado y no como un falso", subrayó el técnico de Montevideo, quien afronta una difícil semana antes de jugar la próxima jornada contra Villarreal en El Madrigal.

Todo en fútbol depende de que entre el balón y a Betis le cuesta un mundo generar juego en una medular calificada por su director deportivo, Miguel Montes Torrecilla, como una de las mejores de la Liga después de la de los grandes, asunto éste que también ha pesado a la hora de juzgar la idoneidad de la planificación verdiblanca.

El gol logrado ayer por el mexicano Diego Reyes en un grave despiste defensivo hizo saltar a la afición verdiblanca y que se generalizara la protesta contra Poyet, quien reconoció que, a partir de ahora, sólo queda aceptarlo le guste o no, "bajar la cabeza, entrenar, hacerlo lo mejor que puedas y ganar".


Fuente: Carlos del Barco, EFE