A Cilic le llegó la hora: campeón del US Open

El croata le ganó con mucha autoridad al japonés Kei Nishikori 6-3, 6-3, 6-3 y se quedó con su primer Gran Slam



No fue el campeón que todos esperaban. Quizás, al pasar raya dentro de cinco o 10 años, se haya convertido una curiosidad, un asterisco en los cuadros de ganadores Grand Slams dominados por Federer, Nadal y Djokovic -súmele a Murray si le cae bien el escocés-. Será una primavera inolvidable o el inicio de una era, pero este US Open 2014  marcará un antes y un después en la vida de Marin Cilic. Este grandote croata de 25 años, dueño de un saque casi imposible de defender, pero que en estas dos semanas en Flushing Meadows se transformó en imbatible. El mismo que el sábado se paró ante Federer y lo dejó como si fuera un juvenil, pareció un veterano de mil batallas ayer en el court del Arthur Ashe, para pasar por encima al japonés Kei Nishikori con un 6-3, 6-3, 6-3 que le permitió festejar su primer título de Grand Slam.

Miles fuimos a buscar su biografía en los últimos cuatro días de torneo, acostumbrados a que fuera un nombre de relleno en el circuito. Nos encontramos con un croata que se perdió el US Open 2013 por una sanción por doping de cuatro meses  -que achacó a un error a la hora de comprar un suplemento alimenticio-, y que tuvo su gran revancha en esta edición 2014 en la que llegaba lejos de los candidatos, pero que se fue haciendo durante el torneo, al punto que se convirtió en el primer jugador en 10 años en ser campeón sin ser top ten.

Ahora Cilic tendrá la enorme responsabilidad de ratificar este logro, y desde el puesto 9, que ocupará desde el próximo lunes, deberá proponerse buscar el asalto a la corona, acompañado por la generación de los Kei Nishikori, los Igor Dimitrov o los Milos Raonic. Desde ahora él será la punta de lanza, gracias a este US Open el que demostró que puede ser grande.

Casi un trámite
En la final Cilic fue, a grandes rasgos, el mismo del sábado ante Federer: dueño de un servicio insoportable cuando acierta el primero, y con potencia en la devolución para complicar cada saque del rival.

En cambio, el japonés Nishikori no estuvo ni cerca de la máquina de tenis que corrió durante tres horas hasta quebrar el tenis de Novak Djokovic el sábado en semifinales. No tuvo esos detalles que hacen la diferencia en los partidos decisivos: a su saque le faltó potencia (y se encontró con un croata  que le devolvió con potencia y precisión), y se convirtió en un jugador estático, sin lo mejor de su juego: la explosión, los golpes esquinados y sus corridas por el fondo de la cancha.

Y a Cilic no le tembló el pulso. Apostó a su casi imbatible servicio, y pese a que empezó debajo del 50% de acierto en el set inicial, luego fue mejorando y casi  no pasó aprietos en sus games de saque.

Cilic fue casi todo frialdad y precisión. Pero aún cuando la muñeca le falló por momentos y empezó a errar -no se puede jugar lo perfecto que lo hizo el sábado- Nishikori nunca pudo aprovechar. Tuvo un break en el 2-5 del segundo, cuando el croata sacaba por el segundo set, pero Cilic le quebró enseguida para llevarse ese set y empezar a desterrar cualquier duda. En total el japonés tuvo nueve posibilidades de quiebre contra once del corata, pero Nishikori apenas pudo acertar uno y Cilic cinco. Demasiada diferencia, que el croata supo aprovechar como su si fuera su décima final de un torneo grande.

El japonés quemó las naves en el tercer set, y empezó a arriesgar con golpes esquinados y subidas a la red, buscando en el límite lo que su juego no le había dado hasta allí. Tuvo algunos aciertos y emparejó la pelea, pero Cilic mantuvo la frialdad cuando más lo necesitaba, consciente que debía apegarse a lo simple. Jugando, como dijo, el mejor tenis de su vida, lo cerró con más calma que nunca con su saque. Como si fuera un número uno de toda la vida.


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